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Inaugurando la relación local entre música y drogas


Inaugurando la relación local entre música y drogas, aquella canción de la Revolución Mexicana que habla de una cucaracha que ya no puede caminar porque le falta, porque no tiene, marihuana que fumar, estaba dedicada a ese Pinochet adelantado a su época que fue Victoriano Huerta, quien cubría con anteojos oscuros las huellas que en su semblante, el de la verdadera cucaracha, dejaba la costumbre de consumir drogas y emborracharse todos los días.

 

Creo que afín de cuentas la música también es una forma de droga, “la música activa los mismos sistemas cerebrales de recompensa que el sexo, la comida o sustancias como la cocaína”.(1). En  muchas ocasiones las metas de la mercadotecnia tienen objetivos muy directos “Canciones para el alma, drogas para el cuerpo Un tercio de la música de más éxito en EEUU contiene referencias explícitas a alcohol, tabaco y otras drogas”. (2)

 

Brujas del reino vegetal, Mari Juana, Coca y Amapola estuvieron siempre entre nosotros. El opio se conoce en el lejano Oriente desde el 3000 antes de Cristo. La coca se cultiva en América del Sur desde el 1000 a.C. Los Huicholes usaron el peyote en sus ceremonias religiosas. Los hongos alucinógenos de Oaxaca también se incorporaron a las prácticas mágico-curativas de María Sabina, su principal sacerdotisa.

 

Con el tan pronunciado dicho de que la música es cultura. “Hoy se admite casi unánimemente el papel de la música como factor central en el desarrollo de la cultura juvenil, en la configuración de la identidad social y personal de los jóvenes, en los hábitos de ocio y tiempo libre de los mismos, en sus expresiones culturales.” (3)


De la flor de amapola, que produce el opio, se obtuvo morfina en 1803, y más tarde heroína. Amapola dejó de ser simplemente una flor. En 1860 el químico alemán Albert Nieman separó de la coca su elemento activo: la cocaína. El arbusto, venerado por los incas con el mismo respeto que los mayas sentían por el maíz, también dejó de ser sólo una planta. El paso de altares divinos a círculos del infierno reveló el rostro dañino de los vegetales, nació el gran "negocio" y con él sus protagonistas: los narcotraficantes.

 

“El comercio de drogas ilícitas es un negocio global de dimensiones multimillonarias. La ONU calcula que, a nivel mundial, hay más de 50 millones de personas que consumen regularmente heroína, cocaína y drogas sintéticas. Millones más están vinculadas a la producción, tráfico, distribución y venta de drogas.” (4).

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, México se comprometió con Estados Unidos a sembrar y venderle amapolas, materia prima necesaria para producir fármacos basados en morfina que aliviaran a los soldados heridos en el frente. Ocurrió, además, que la guerra desarticuló el triángulo de oro del opio -Laos- Birmania- Camboya-, y los traficantes asiáticos tuvieron problemas para enviar sus cargamentos de drogas a Marsella, desde donde, vía cofrades europeos y americanos acostumbraban distribuirlas por el mundo.

 

Una ves mas ante las primicias de la oferta y la demanda “Y lo que resulta paradójico en este tiempo es que el proceso del tráfico de drogas fue iniciado y financiado por nuestro vecino país del norte Estados Unidos. Los pobladores más antiguos de la zona serrana de Badiraguato aseguran que existió un acuerdo bilateral secreto suscrito por México y Estados Unidos para la siembra de amapola y la producción de adormidera. “ (5).

 

Las semillas de amapola comenzaron a llegar por el Océano Pacífico a Badiraguato, y, entre droga y medicina, esos cultivos se transformaron en un nuevo modo de vida para muchos campesinos mexicanos. Entre ellos los conocidos badiraguatenses Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero y el hombre hoy supuestamente más buscado por las autoridades mexicanas: Joaquín El Chapo Guzmán.


Badiraguato, por supuesto, también tiene su corrido: "Este pueblo tiene fama/ por todo mi Sinaloa/ porque nos echan la culpa/ que aquí¡ sembramos la goma./ Sólo les quiero aclarar/ que aquí sembramos de todo./ Y si se enojan por eso,/ pues que se enojen, ni modo..."


El crimen crea su historia, su lógica, su épica y sus héroes. Camelia la texana y su compañero Alfredo Varela son los actores de la más clásica narco balada de amor y muerte. Después de que la pareja entrega una carga de marihuana en San Diego -"traían las llantas del coche/ cargadas de yerba mala"-, Varela le ofrece dinero a Camelia y la declara "despedida". Él tiene otro amor y se irá con ella. La noche deja oír siete balazos. La gente encuentra tirado a Varela, quien muerto quedó "y de Camelia/ nunca más se supo nada".

 

De la mano con estas aventuras llenas de fantasía, golpea la cruda realidad, “DROGAS-MÉXICO: Siembra de cadáveres, Eva H. no recuerda haber presenciado niveles de violencia similares a los que su tierra natal padece en estos días. Originaria de Los Mochis, en el norteño estado mexicano de Sinaloa, esta médica de profesión está espantada por los tiroteos que casi a diario ocurren en esa localidad. A la fecha, más de 2.000 personas han muerto en sucesos ligados al narcotráfico en el país. En medio de este panorama, el gobierno de Calderón espera el inicio de los desembolsos de la llamada Iniciativa Mérida” (6). Cual será el verdadero sentido de este nuevo acuerdo de cooperación bilateral.


La mala vida propone su cultura: el culto al valor, a la astucia, el nombre de cada protagonista, que para eso paga su narcocorrido, el entusiasta relato de sus hazañas -dicen que venían del sur/ en un carro colorado,/ traían cien kilos de coca,/ iban con rumbo a Chicago-, la transformación del destino individual lograda a punta de audacia y cuernos de chivo -cuando era plebe en la sierra / andaba hasta sin calzones,/ pero con mi carrillera/ llenita de cargadores/ (el que trabaja, cosecha),/ hoy soy patrón de patrones.


Trágica y sórdida cultura encaramada en lo alto de una rueda de la fortuna que, mientras gire, seguirá tocando la misma canción: "Mejor cinco años como rey que cincuenta como buey".

 

 

 

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La rapacería

Triste mente miramos, leemos y oímos un sin fin de comentarios un tanto generalizados, en los que algunas personas de “reconocida” imagen se abrogan el derecho de decirles a las mayorías como deben de pensar, o actuar, aprovechándose del poder económico que poseen y valiéndose de los medio$ de comunicación, difunden su preocupa$$$ión de lo que acontece en la sociedad, y dictan estilos y formas de pensar y de actuar la sociedad que ellos conciben.

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